La Iglesia y la Gran Comisión: Un Llamado a la Acción y la Fidelidad

A menudo, en el ajetreo de la vida eclesiástica moderna, corremos el riesgo de confundir el activismo con la misión. Sin embargo, la identidad de la iglesia no se define por sus programas sociales o su infraestructura, sino por su obediencia al mandato final de Jesucristo.

HABLAN LOS VENEZOLANOSVENEZUELA

Lcdo. Juan Carlos Moros

4/15/20263 min read

El Mandato Impostergable

A menudo, en el ajetreo de la vida eclesiástica moderna, corremos el riesgo de confundir el activismo con la misión. Sin embargo, la identidad de la iglesia no se define por sus programas sociales o su infraestructura, sino por su obediencia al mandato final de Jesucristo.

Este mandato, conocido como la Gran Comisión, no es una sugerencia para unos pocos entusiastas, sino la razón de ser de todo creyente y de cada congregación local.

Como bien señala la Palabra en Mateo 28:18-20, la autoridad de Cristo sobre el cielo y la tierra es el fundamento legal y espiritual de nuestra labor. No vamos en nuestro nombre, sino en el de Aquel que venció a la muerte.

1. El Fundamento de la Autoridad y la Presencia

La Gran Comisión comienza con una declaración de soberanía. Jesús se acercó a sus discípulos y les dijo: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra". Esta es la base de nuestra confianza.

  • Evangelismo con denuedo: Si Cristo tiene toda autoridad, el evangelio no debe pedirse como un favor, sino anunciarse como una verdad absoluta.

  • La promesa del acompañamiento: El mandato cierra con una garantía reconfortante: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". La iglesia no cumple la misión sola; la presencia del Espíritu Santo es el motor que sostiene la obra misionera en tiempos de persecución o apatía.

2. Hacer Discípulos: Más que Simples Convertidos

El núcleo del mandato es el imperativo "haced discípulos". Existe una diferencia sustancial entre ganar una decisión por Cristo y formar un discípulo. La iglesia está llamada a reproducir el carácter de Cristo en otros.

Este proceso implica tres pasos fundamentales detallados en el texto bíblico:

  • Ir: La iglesia no es un edificio que espera, sino un cuerpo que sale. El "ir" implica cruzar fronteras geográficas, culturales y sociales.

  • Bautizar: El bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo representa la identificación pública del creyente con la muerte y resurrección de Cristo (Romanos 6:4). Es la señal de entrada a la comunidad de fe.

  • Enseñar: No basta con predicar el mensaje inicial; es necesario instruir en "todas las cosas que os he mandado". Esto requiere una exposición fiel de las Escrituras, donde la sana doctrina sea el alimento diario de la congregación.

3. La Iglesia Local como Centro de Operaciones

Enfatizo que la Gran Comisión no es una tarea para "llaneros solitarios", sino que se vive y se respira en la comunidad local. La iglesia es el entorno donde los dones espirituales se ponen en práctica para la edificación del cuerpo (1 Corintios 12).

  • Responsabilidad mutua: En la iglesia local, los creyentes aprenden a amarse, perdonarse y exhortarse. Un discípulo no puede crecer en aislamiento.

  • El envío: La iglesia local funciona como la base que identifica, capacita y envía a aquellos llamados a las naciones, siguiendo el modelo de la iglesia en Antioquía en Hechos 13:2-3.

4. La Motivación: La Gloria de Dios entre las Naciones

¿Por qué nos esforzamos tanto en la Gran Comisión?

La respuesta corta es: por la gloria de Dios. El salmista lo expresó con claridad: "Anunciad entre las naciones su gloria, y en todos los pueblos sus maravillas" (Salmos 96:3).

El objetivo final de hacer discípulos es que cada lengua, tribu y nación reconozca el señorío de Cristo. Cuando una iglesia local se enfoca en la misión, deja de mirarse a sí misma y comienza a mirar el mundo con los ojos de compasión de Jesús (Mateo 9:36).

Un Compromiso de Vida

Ser una "iglesia de la Gran Comisión" requiere un sacrificio de comodidad. Implica entender que cada miembro, desde el pastor hasta el recién bautizado, tiene un papel que desempeñar. La pregunta que cada cristiano debe hacerse no es si está llamado a participar en la misión, sino cómo está participando en ella.

Frente a un mundo que se fragmenta y pierde la esperanza, la iglesia posee el único mensaje capaz de transformar corazones y culturas. Seamos, pues, hallados fieles en la tarea de enseñar, bautizar y, sobre todo, de exaltar el nombre de Jesucristo hasta que Él venga.

"Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano."

1 Corintios 15:58 (RVR1960)

por: Lcdo. Juan Carlos Moros - CNP21131